La República de Twitter

La República de Twitter

Cayo Julio César (100-44 a.C.) – Fuente: efemeridespedrobeltran.com

Parece que lleva toda la vida ahí, pero apenas han pasado 13 años desde que un joven Jack Dorsey (San Luis-Missouri, 1976) tuvo la particular idea de intercambiar pequeños mensajes cortos como parte de un sistema de comunicación logístico. Esa idea se ha convertido hoy en un ente de más de 500 millones de usuarios, generando más de 65 millones de tuits al día y una enorme capacidad de atracción, incluso para los dedos y ojos más poderosos del planeta.

Las cifras de Twitter marean: $ 2.500M de facturación anual y un valor en bolsa superior a $10.000 M. Tal es su relevancia que, hoy en día, si no estás en Twitter no estás… O al menos esa es la ilusión que ha creado la sociedad digital en la cual vivimos, porque la red social ha tenido altibajos en los últimos años y un serio punto de inflexión en 2017 que generó dudas sobre su futuro. Lo cierto es que hasta los principales dirigentes mundiales ya se expresan a través de Twitter ante millones de seguidores, adelantan sus decisiones, comparten opiniones insólitas e incluso se quedan dormidos en plena noche escribiendo su último tuit del día….


El enigmático «covfefe» de Trump que absorbió el interés mundial en Twitter en Mayo de 2017 – Fuente: ABC

La fauna que habita Twitter es amplia y variada, pero eso no lo hace algo malo en sí. En realidad, es una fuente de información inmediata, práctica, funcional y muy útil en caso de emergencias públicas. Pero la tentación de criticar en tiempo real cualquier personaje o acontecimiento es demasiado fuerte. Lo llevamos dentro. Y el maridaje con el populismo ha demostrado ser perfecto. No en vano, los servicios de inteligencia de medio mundo hace tiempo que tienen sus ojos puestos sobre esa red y ya han demostrado que saben utilizarla para cambiar gobiernos si es necesario.

No pocas personalidades relevantes de diferentes ámbitos han renunciado públicamente a su uso o han decidido darse un descanso de la red social. Entre sus razones, la insoportable y frecuente lapidación digital que supone estar expuesto permanentemente a la opinión anónima de numerosos haters o personajes cuyo única motivación es la destrucción. Pero casi todos acaban volviendo, difícil abstraerse del estímulo continuo de followers esperando su dosis periódica de cotidianidad, un refuerzo irresistible para cualquier ego.

Por el otro lado, ser un hater ingenioso o simplemente odioso da notoriedad y followers en Twitter, conviene constatar esa realidad. Hay perfiles muy refinados y especializados en dicha práctica: dominan con maestría el lenguaje corto, sarcástico, hiriente, el humor negro, el insulto elaborado y suelen elegir muy bien a sus víctimas estudiando sus debilidades. En ello basan su reputación digital. Pero un hater no es un troll. En esto, como en todo, hay clases y conviene diferenciarlos. Estos últimos son una burda réplica, más grosera y previsible, más abundante e inofensiva. Todos tienen en común esconderse tras un perfil anónimo y se relamen de gusto cada día, recolectando los likes de su parroquia de miles de seguidores. Nunca les conoceremos realmente, pero eso no tiene importancia, seguramente nos cruzamos con más de uno todos los días y no nos damos ni cuenta.

Pero nada de esto es nuevo. En la época de Julio César, en plena República del año 70 a.C., esos personajes ya llenaban gradas en Pompeya en los espectáculos de gladiadores. A Twitter sólo le faltaría añadir el símbolo contrario (con el dedo hacia abajo) para trasladarnos a esa época. Quien sabe si ése sería también el instrumento para echarlos definitivamente, tal vez por eso no lo incluyan nunca.

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