Cinco años de absurdo: el «derecho al olvido»

Cinco años de absurdo: el «derecho al olvido»

Derecho al olvido en Europa: más de 800.000 peticiones en cinco años - La Vanguardia

Juan Manuel García, de La Vanguardia, me llamó ayer para hablar sobre el quinto aniversario de la enorme equivocación del Tribunal de Justicia de la Unión Europea consagrando un derecho imaginario, inexistente, antinatural e imposible que hay que escribir con comillas como el «derecho al olvido», y hoy me cita en su artículo titulado «Derecho al olvido en Europa: más de 800,000 peticiones en cinco años» (pdf).

Podrán pasar cinco años o diez, pero la esencia no cambia: el «derecho al olvido» era y sigue siendo una falacia, no protege a nadie, y no arregla el problema que se pretendía arreglar, porque el problema no estaba en el buscador, sino en el origen. Pedir a un buscador que no busque y no muestre determinadas cosas es una forma falaz y conceptualmente incorrecta de arreglar las cosas, que da lugar a un derecho artificial injusto que, además y en consecuencia, genera dos clases artificiales de ciudadanos: los que pueden y los que no pueden usarlo.

Si algo se publicó en algún sitio y se hizo de forma incorrecta, o queremos, por la razón que sea, corregirlo posteriormente, hay que proponer soluciones tecnológicas que afecten al sitio en el que se publicó. Se puede obligar a eliminarlo en según qué casos, a añadir actualizaciones enlazadas y visibles, o a muchas más soluciones razonables, pero lo que nunca se debería hacer es obligar a quien simplemente busca los resultados a ocultarlos. Tecnológicamente, esa es una solución carente de todo sentido, que nunca servirá para de verdad conseguir que algo se olvide: quien quiera, podrá recuperarlo en cualquier momento cuando le interese con simplemente acudir a la fuente. Eso consagra una internet «para tontos», en la que solo se ven algunas cosas, y otra «para listos» que saben buscar más allá del buscador estándar o utilizarlo con las herramientas adecuadas para que devuelva los resultados reales. Es una ley inconcebible creada por una serie de ignorantes tecnológicos, para que otra serie de ignorantes tecnológicos tengan una falsa sensación de seguridad. Esperemos que en el futuro, alguien con dos dedos de frente y con sentido común se plantee revisar semejante despropósito.


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