Madrid: la barbaridad de dar pasos atrás en la lucha contra la contaminación

Madrid: la barbaridad de dar pasos atrás en la lucha contra la contaminación

El nuevo alcalde de Madrid, el conservador José Luis Martínez-Almeida, aprueba un nuevo plan para Madrid llevado por la obsesión de eliminar Madrid Central, el plan creado por su antecesora, que había demostrado su eficacia en la reducción de la contaminación en la ciudad.

Haciendo gala de un radical analfabetismo ecológico, el alcalde de Madrid pretende tomar por idiotas a todos los madrileños y afirma que suavizando las restricciones, conseguirá «misteriosamente» mejores resultados en la reducción de la contaminación. Lo que hace, en la práctica, asesorado por una consultora a la que adjudicó el estudio sin ningún tipo de garantía, es dar un enorme paso atrás, volver a abrir Madrid Central a vehículos contaminantes con la única condición de que vayan ocupados por dos personas, y enviando el mensaje de que las restricciones son una especie de capricho, una incomodidad que se puede suavizar. Puro populismo, interés por presentar «lo que sea» en plena campaña electoral, y sobre todo, pura estupidez, un sinsentido que va contra la lógica más elemental.

En la gestión de las ciudades, solo hay una dirección correcta: ir aumentando las áreas residenciales sujetas a restricciones de circulación. Es fundamental convertir el automóvil particular en algo cada vez más incómodo, menos funcional y de uso más restringido, particularmente aquellos automóviles que emiten niveles elevados de contaminación. Pretender que levantando y suavizando restricciones se van a obtener mejores resultados es algo sencillamente absurdo. ¿Cuál es la jugada de Martínez-Almeida? Simplemente, eliminar restricciones ahora, a cambio, supuestamente, de supuestas restricciones más duras en el largo plazo, cuando ya no le toque gestionarlas a él, cuando sean ya problema del siguiente. Patada hacia adelante, ignoramos el problema, y que le toque a otro. Más viejo que la tos.

La zona de restricciones de Madrid es mucho más pequeña que las de otras capitales europeas, y todos los indicadores aconsejarían una progresiva extensión de sus restricciones a zonas cada vez más extensas. En su lugar, ¿qué hizo el alcalde de Madrid, apoyado por unos socios de gobierno que niegan abiertamente la emergencia climática, nada más llegar al ayuntamiento? Pretender eliminar completamente Madrid Central. Cuando la justicia se lo impidió, afirmó que presentaría «medidas más eficientes». ¿Y qué ha propuesto ahora? Eliminar unas restricciones que habían sido ya asumidas por los madrileños, diseñar excepciones para permitirlo todo, y volver a permitir que vehículos altamente contaminantes circulen por donde les dé la real gana. Es tan impresentable, que da auténtica vergüenza.

Esperemos que la Comisión Europea tome nota de estas medidas, legisle si es posible en contra de su implantación, y muestre una actitud inequívoca sancionando al ayuntamiento como merece por pretender ir en contra de los tiempos. Mientras tanto, vayamos teniendo claro qué partidos tratan de hacer algo con respecto a la emergencia climática, y cuáles sencillamente la niegan, la minimizan o pretenden hacer «transiciones suaves», eufemismo de «esto ya lo haremos, si eso, otro día».

Para avanzar hacia la idea de la smart city, hacen falta smart politicians. Y por contra, de políticos estúpidos solo pueden esperarse soluciones estúpidas. Hoy tenemos ya una prueba más de ello.


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