Sobre bulos absurdos que persisten en el tiempo

Sobre bulos absurdos que persisten en el tiempo

IMAGE: Juhele - Pixabay (CC0)

Las historias truculentas sobre supuestos desafíos virales que provocan el suicidio de niños en diversas partes del mundo son ya muy antiguas, y francamente, jamás les atribuí ninguna veracidad ni les di ninguna importancia. De hecho, traté incluso de evitar el tema, de no hablar de ellas, porque me parecían absurdas y porque era darles una importancia que creía que no tenían, como contribuir a su difusión. Sin embargo, me sigo encontrando comentarios sobre este tipo de bulos en foros inesperados, incluso con personas a las que tendería a atribuir cierto nivel de conocimiento y sentido crítico, lo que me lleva a pensar que la creencia en este tipo de bulos y retos virales está bastante más arraigada de lo que originalmente había pensado.

Los rumores sobre el Blue Whale Challenge provienen de 2016, los de Momo de 2018, y en ambos casos hablamos de lo mismo: fenómenos de histeria colectiva en los que participan medios de comunicación irresponsables, padres temerosos y hasta colegios, en los que se alerta sobre los supuestos peligros de unos juegos que ni existen como tales, ni han podido ser vinculados jamás de manera fiable con la muerte de nadie. Habla sobre el uso del móvil o del ordenador con personas que tengan hijos en edad escolar, y es fácil que te encuentres con menciones al tema, o incluso con quienes afirman haber visto algunos de esos vídeos.

Ambos temas están perfectamente documentados, definidos y etiquetados como bulos en Wikipedia, y es sencillo encontrar información en medios fiables que han investigado sobre ellos, que llaman a la calma, y que han concluido exactamente eso: que son, simplemente, las historias de fantasmas de la era digital.

Por supuesto, también es posible encontrar fake news en medios sensacionalistas y de dudosa credibilidad que reportan casos de suicidio, ninguno de los cuales resiste una mínima investigación. Hay hasta películas sobre el tema. De hecho, lo que los especialistas afirman es que el peligro, en realidad, está en magnificar este tipo de bulos, y se ha llegado a pedir expresamente a medios, a la policía y a las escuelas que dejen de circular información al respecto que no hace más que promover el interés en un fenómeno completamente inexistente. Es, sencillamente, mentira: no ha habido «docenas de suicidios», ni en Rusia ni en ninguna parte, que hayan podido ser vinculados a ningún juego viral que circula a través de la red, no hay vídeos infantiles que de repente inserten imágenes como las descritas – y si los hay, porque cualquiera puede crearlos en cualquier momento sin que tenga ninguna importancia, no han provocado ningún suicidio de nadie. En general, y aunque no lo creamos, nuestros hijos tienen criterio más que suficiente como para no caer en semejantes estupideces. Los niños no se suicidan cuando un vídeo les dice que lo hagan. Los adultos son los únicos que se han creído esos bulos. Dejemos de hacer de cadena de transmisión de peligros inexistentes.

Estamos en lo de siempre: personas que escuchan un rumor, que ese rumor sintoniza con sus sesgos y sus creencias de que internet es peligrosísimo y que a los niños hay que protegerlos como sea, y que lo cuentan en todas partes con la sana intención de alertar de esos tremendos peligros a todo aquel que tenga niños. Por supuesto, sin tomarse el tiempo de hacer cuatro búsquedas para intentar verificarlo, ¿para qué? Si lo veo comentado en los medios y me advierten sobre ello en el colegio, segurísimo que es verdad. De verdad, encontrar información fiable y contrastable al respecto que demuestre la falsedad de estos temas es sencillo, está al alcance de cualquiera. Es, simplemente, que algunas personas no quieren hacerlo, porque la idea de un reto viral transmitido a través de internet al que los pobrecitos niños indefensos hacen caso es algo que les suena creíble, sintoniza bien con sus creencias de que internet es peligroso, es algo que quieren voluntariamente creer. Y contar.

Pues no. Son bulos. Historias de fantasmas. Cuentos que se copian, se pegan y se magnifican, sin ningún tipo de sentido, sin ninguna conexión con la realidad, por mucho que te aseguren que «ellos lo han visto», que «lo ha dicho la policía» o que docenas de niños se han suicidado en Rusia. La red tiene incluso un término para definir ese tipo de historias: creepypasta, definido como «historias cortas de terror recogidas y compartidas a través de Internet con la intención de asustar o inquietar al lector».

Los peligros para tus hijos no vienen de cuentos de fantasmas, y los beneficios de que aprendan a manejar la red (y a no caer en bulos absurdos y en fake news) exceden con mucho sus posibles peligros. Un poco más de sentido crítico, de aprender a verificar noticias, y menos transmitir irresponsablemente tonterías sin fundamento, por favor.


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