No lo hagas, Dave

No lo hagas, Dave

HAL 9000 echando una miradita de complicidad – Foto: syfy.com

Llevaba yo unos días dándole vueltas al asunto y mirando de reojo con recelo a mi altavoz Alexa cada vez que pasaba por el salón, preocupado por los planes del siniestro plantel de ingenieros de Amazon (o becarios licenciados en Filología, que ya sabemos de qué va esto, véase mi post del mes pasado sobre Trabajo fantasma) dedicados meticulosamente a espiar mis conversaciones domésticas y a estudiar mis discusiones metafísicas con Alexa: “Alexa, porqué Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son tan capullos…” / “Alexa, no pongas música de Rosalía”, “Alexa, ¿cómo se hace un buen gazpacho?”… Y no digamos ya las conversaciones de mis hijos con el famoso altavoz, material clasificado: “Alexa, ¿Qué sabes de conejos?”, “Alexa, cuéntame un chiste”, “Alexa, ¿Cuanto es 25×35?”… (sí, han descubierto que el chisme les chiva los resultados de las tareas veraniegas, ya sabéis, esta generación lo lleva de serie)

Tanto es así -lo de darle vueltas- que ya había planeado escribir algo ligerito sobre el asunto esta semana. Cuando me puse manos a la obra e iba a empezar, entró un articulo del profesor Enrique Dans del pasado domingo (ver La paranoia sobre el espionaje) tratando este mismo asunto. “Mierda, se me ha adelantado” -pensé- … Sí, lo sé, dejadme soñar un instante siquiera con tener un ápice de su talento bloguero y pensar que a ambos se nos ha ocurrido escribir sobre lo mismo. Se podrá coincidir más o menos con él y sus análisis sobre tecnología y sociedad, pero es indiscutible que es un obrero del blogging, muy currante y disciplinado, aparte de riguroso en el tratamiento de los temas. Ilusiones aparte, en esta ocasión tengo que decir que ya compartía gran parte de sus reflexiones sobre la paranoia que se ha desatado recientemente alrededor del espionaje con dispositivos domésticos con asistente personal: Amazon Echo, Google Home, etc.

Y digo en gran parte, porque coincido en lo ridículo de la tormenta de polvo mediática que se ha formado alrededor de la sospecha de ser espiados en todo momento. En mi opinión, el cénit de todo este fenómeno vino con el hallazgo de un micrófono sin utilidad aparente en el interior de un popular robot de cocina de Lidl (ver noticia) que le dió el punto cómico al asunto (me imagino la cara del hacker que hizo el descubrimiento y me pregunto qué le llevaría a una investigación tan original, hay gente para todo…)

No hay otra explicación más que el puro desconocimiento acerca de lo que significa la tecnología machine learning o dicho de otro modo y aplicado a los asistentes virtuales: que al chisme hay que enseñarle a reconocer las miles de combinaciones posibles del lenguaje humano para pedir una cosa o expresar un deseo o necesidad. Eso no sale de la nada. No es magia, hay mucha ciencia detrás de esa sensación de que puedes pedir lo que se te pase por la cabeza (dentro de unos márgenes razonables) y recibir una respuesta rápida y útil. Se consigue a base de estudiar millones de peticiones, timbres de voz, formas de hacer las preguntas, construcciones gramaticales, Semántica, Lingüistica,… datos y más datos de millones de usuarios, que deben ser tratados y analizados. Y toda esa información tiene que salir de algún sitio que, lógicamente, es el propio uso cotidiano que nosotros le damos al producto.

Pero ¿realmente no hay otra explicación? Supongo que individualmente es tentador pensar que los detalles de nuestra vida privada son objeto de deseo de las grandes tecnológicas, pero discrepo sobre que eso sea algo tan importante en realidad para nadie, por lo general no somos tan interesantes. Es más, los seres humanos somos bastante comunes y previsibles, precisamente por ello es tan productivo buscar patrones predefinidos para satisfacer nuestras necesidades cotidianas.

Pese a todo, la suspicacia que levanta el asunto de los asistentes personales y esas supuestas grabaciones domésticas indiscriminadas de Amazon o Google, hace pensar sobre qué hay detrás de tanta desinformación y porqué ahora. Esto se une a los problemas reales y fundados que está teniendo Facebook con la implantación de su criptomoneda (Libra) y los augurios acerca de su futuro como red social, debido a los recientes escándalos relacionados con la cesión de datos. A esto se suman sonadas y repetidas caídas mundiales en Whatshapp, Facebook, Twitter y otros servicios importantes en la nube (ver noticia aquí) cuyo origen no ha sido aclarado.

Alberto Chicote, uno de los personajes populares afectados por la fiebre de FaceApp – Fuente: Instagram

Toda esa desconfianza contrasta sin embargo con la docilidad al adoptar masiva e irreflexivamente otras modas o tendencias virales de modo un tanto aborregado, sin pensar demasiado en lo que puede haber detrás. Es el caso de nuestra relación con los teléfonos móviles (que puestos a ser paranoicos, son un verdadero agente secreto con ojos y oídos, que nos acompaña a todas partes infiltrado en nuestro bolsillo) y más recientemente, aplicaciones como FaceApp (ver noticia de hoy) que he visto con perplejidad utilizar a docenas personas cuando regresaba de la oficina y a multitud de famosos en las redes sociales, los cuales no han tenido ningún problema en ceder su imagen a una compañía rusa bajo dudosas condiciones legales a cambio de un momento “de gloria” (yo, de verdad, todavía no alcanzo a entender qué gracia tiene contemplar cuál será tu aspecto dentro de 30 años y compartir la experiencia, pero debe ser algo super trendy)

Nos empeñamos en analizar una relación problemática con la tecnología y tal vez la relación problemática sea la que tenemos con nosotros mismos. En cualquier caso, todo esto me ha hecho recordar la peculiar relación entre aquel astronauta (David Bowman) embarcado en la nave Discovery y su compañero HAL9000 (la inteligencia artificial nacida en la mente de Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke para ambientar su Odisea en el Espacio) y nos os quería privar de uno de los epitafios más famosos de la historia del cine:

Estoy asustado. Estoy asustado Dave. Dave, mi mente se va. Puedo sentirlo. Puedo sentirlo. Mi mente se va. No hay duda. Puedo sentirlo. Puedo sentirlo. Puedo sentirlo. Estoy a… sustado…. No lo hagas, Dave…

Espero que no sea necesario llegar a ese tipo de crisis existencial con nuestro entorno doméstico. Pero si es así, tranquilos, siempre nos quedará Kubrick: “Alexa, pon la película….”

One Reply to “No lo hagas, Dave”

  1. Brutal!! Como siempre un gran BRAVO
    se te olvidó comentar que es un “despertador” caro. Alexa que hora es? ….
    Alexa avísame a las 5.14…

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