El síndrome de Lázaro

El síndrome de Lázaro

LazaroDeBetania
Cristo curando a un ciego y resucitando a Lázaro. Pintura alta de San Baudelio de Berlanga (Soria). Cloisters Museum (New York)

En Medicina, alude a un retorno espontáneo de la circulación sanguínea después de varios intentos fallidos de reanimación. En Paleontología, se refiere al hallazgo de restos fósiles que se consideraban extinguidos en capas de terreno relativamente recientes, en lo que se considera como una pseudoextinción. El nombre procede del Nuevo Testamento. En el Evangelio de San Juan, se relata como Lázaro de Betania es resucitado por Jesús de Nazareth después de compartir amistad y ser su huésped en varias ocasiones.

Aplicando el concepto a la sociedad de la información, el término empieza a tomar forma en esas noticias o informaciones que de repente “resucitan” desde la hemeroteca. Se trata de titulares zombie que recorren Internet en busca de usuarios incautos no demasiado atentos a las fechas de publicación, aunque nadie está libre de caer en algún momento en la difusión de un contenido de este tipo.

Este fenómeno ha demostrado que basta un reducido número de usuarios para convertir una información obsoleta en un fenómeno viral entre millones de lectores. Así, entre los muchos ejemplos que se pueden encontrar, a comienzos de esta semana hemos asistido de nuevo al fallecimiento de Miliki, cuando ya veníamos llorados desde hace tres años los que crecimos merendando con el bocadillo de Nocilla y el acordeón de este señor. La nota de su fallecimiento de hace tres años se ha convertido esta semana en trending topic de Twitter en cuestión de horas y fenómeno viral en Facebook durante toda la noche del lunes. ¿Fenómeno inexplicable? Probablemente haya más de una explicación…

Este comportamiento anómalo de las redes sociales que conforma el efecto Lázaro, se basa en una combinación de factores de riesgo cada vez más cotidianos:

  • Hemos hecho del titular una religión. La sobreexposición de información que recibimos diariamente nos obliga a ser prácticos a costa de economizar conocimiento.
  • Nuestra memoria en el corto y medio plazo decrece por deshuso
  • Nuestra capacidad de concentración también está afectada por la sobreestimulación.

Los gestores de emergencias y desastres conocen bien las consecuencias de un bulo digital y también la facilidad y velocidad vertiginosa con la cual tiende a propagarse. Es por ello que existen redes VOST (Virtual Operation Support Team) o redes de voluntarios digitales en emergencias, que se dedican a elaborar contramedidas para tranquilizar a la población ante la difusión de datos falsos de un desastre o emergencia.

Two pupils leaning on a pile of books while reading on touchpad
Foto: Uwe Annas – Fotolia

También me ha sorprendido comprobar hace poco que los niños de educación infantíl y primaria en Madrid, tienen una asignatura de Informática en la escuela cuyo objetivo primordial es enseñarles a utilizar el ratón y el teclado clásicos del ordenador. Puede parecer algo obsoleto, pero la probada destreza de cualquier niño de esa edad (5 o 6 años) como homo táctil que maneja de modo asombroso tablets, consolas y demás dispositivos domésticos, no deja espacio para otras habilidades más físicas o mecánicas. Los llamados nativos digitales parecen comenzar la casa por el tejado; asimilan inmediatamente la información visual y táctil, pero muchos no saben para qué sirve el teclado de un ordenador, justo en la etapa donde necesitan comenzar a utilizarlo porque están aprendiendo a leer y escribir. Y no hablemos ya de su enajenación con respecto al mundo del papel.

La sociedad de la información está revolucionando nuestras vidas, pero no todo van a ser beneficios evolutivos. Como ejemplo de ello; el efecto Lázaro, los bulos digitales o la desalfabetización progresiva de los nativos digitales, nos previenen de efectos no deseados de la irrupción de la tecnología de la información. Deberemos estar más atentos a estos cambios sutiles en nuestra conducta y relación con el medio o la cascada de información acabará apoderándose de nosotros, dejando el campo abonado a que detrás de ella lo hagan las máquinas.

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