Ciudadano Aróstegui

Ciudadano Aróstegui

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Julio Aróstegui

Hoy se cumplen dos años del fallecimiento de D. Julio Arósteguí Sánchez, uno de los historiadores -y maestro de historiadores- más lúcidos que han tenido las Ciencias Sociales en España en las últimas décadas. Además de su extensa obra, muy enfocada hacia la auto reflexión de la Historia como disciplina aspirante a científica, D. Julio abordó sin complejos el delicado tema de la violencia política española en la Edad Contemporánea con gran rigor y preocupación por el enfoque metodológico de sus estudios. Heredero de Marc Bloch y la tradición intelectual francesa de la Escuela de los Annales, D. Julio fue uno de los verdaderos protagonistas de la renovación intelectual de la investigación histórica española en el siglo XX.

Posiblemente, este profesor necesitaba encontrar un laboratorio adecuado donde poner en práctica sus reflexiones acerca de la investigación histórica y encontró uno inmejorable en la gran grieta emocional de la sociedad española del siglo XX: la Guerra Civil. Este tema todavía es una dura prueba para cualquier historiador que se precie de serlo ya que, sea cual sea el punto de vista desde el cual se aborde, los hechos acaban por salpicar todo el trabajo con un tinte trágico y emocional. No obstante, creo que Julio aceptó temprano ese reto y supo lidiar con destreza con sus sentimientos e ideología para afrontar la interpretación de las fuentes y testimonios, tomando prestados en su camino gran parte de los fundamentos del método científico.

D. Julio era un intelectual audaz en sus planteamientos, de esos que movilizan tu mente cuando apenas rozas la veintena y hacen que el tiempo vuele en su presencia. Los que tuvimos la fortuna de recibir sus enseñanzas, fuimos testigos de esa capacidad que tenía para hacer de cada clase algo único e irrepetible. Julio era rápido, sagaz y divertido. Su acento granadino llenaba el aula de preguntas y afirmaciones destinadas a sacarte de tu propio mundo, para formar parte de una suerte de máquina de pensar colectiva formada por todos sus alumnos y por él mismo. No en vano, él mismo confesaba a veces aprender de la experiencia del debate tanto como nosotros.

Se ha dicho de él que le encantaba la dialéctica. Es cierto, le gustaba debatir y más de una vez nos vimos todos sus alumnos con el culo plantado en el césped de la Facultad de Historia de la Universidad Complutense, debatiendo sobre las aspiraciones científicas de la historiografía. O tal vez en el Café Barbieri de Lavapiés, donde organizamos un seminario de teoría y método historiográfico con el objetivo de aprender a ser mejores historiadores. O también “dándole al queso” -como le gustaba decir a él- en aquella taberna de la Calle Miguel Servet (La Mancha en Madrid) donde solía finalizar el seminario y repasábamos la actualidad mundial entre cañas y queso manchego. Nunca olvidaré aquellos días de cañas, queso y mucha ciencia.

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Taberna La Mancha en Madrid

Cualquier lugar le iba bien a D. Julio para sacar una conclusión. Aún recuerdo la cara que se me quedó cuando estando con él en su despacho hablando de las cosas de Internet -fenómeno que empezaba a despuntar en esos años-, de repente cruzó la puerta Paul Preston y con la mayor naturalidad del mundo, Julio me lo presentó. Los tres bromeamos divertidos acerca de la portada del libro que acababa de publicar hacía un año: Franco: Caudillo de España (Preston, 1993) y el británico nos hablaba incrédulo de la cantidad de personas que lo habían comprado por la imagen idealizada de la portada, creyendo que se trataba de una biografía amable con el personaje. Luego -nos contó Preston- esos mismos “lectores” le habían dirigido muchas cartas poniéndole a caer de un burro unas o amenazándole directamente de muerte otras, al descubrir la realidad de su retrato histórico del dictador. Julio le decía que debía haber sacado a Franco montado en un caballo blanco y así hubiese vendido todavía más libros entre tan distinguida audiencia.

Me pregunto que opinaría hoy D. Julio del panorama europeo tras conocerse el resultado de las elecciones griegas o acerca de la violencia yihadista y sus múltiples manifestaciones geográficas, sociales y políticas. O del fenómeno Podemos en España. O sobre Cataluña. Seguramente clavaría su mirada afilada y chispeante para hacer algún giro crítico inesperado, invitando a la reflexión y al debate, pero siempre de manera argumentada y brillante. Cuánta falta le haces a este país, no te olvidamos maestro.

2 Replies to “Ciudadano Aróstegui”

  1. Que suerte conocer gente así! !!! Y creo que de alguna manera su manera de de pensar y ver la vida queda reflejada en los que pudisteis debatir con él. Prueba importante es este blog. Felicidades Maestro

  2. Hola David , ¡ qué suerte! haber tenido una relación tan directa con este insigne historiador. Qué tiempos en los que un profesor compartía con sus alumnos sobre la realidad del momento dando cancha para el debate. ¿dónde quedan ahora esos profes?. Como siempre me quedo con ganas de más. Gracias y hasta la próxima.

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