El largo camino al consenso

El Valle de los Caídos (Tienda de souvenirs) - Foto: El inquilino digital

El Valle de los Caídos (Tienda de souvenirs) – Foto: El inquilino digital

El Congreso de los Diputados ha aprobado hoy por 198 votos a favor, 1 en contra y 140 abstenciones una proposición no de ley del PSOE para reclamar la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos y la reubicación de los restos de Jose Antonio Primo de Rivera a un lugar “no preeminente” del complejo.

Dicha proposición se ajusta a lo establecido por el Informe de la Comisión de Expertos para el Futuro del Valle de los Caídos elaborado en 2011, sobre el cual ya tuve ocasión de profundizar hace algo más de un año en mi serie de posts sobre El Valle del Olvido (I) con el detalle de su contenido y mi valoración al respecto.

El día de hoy podría considerarse una jornada histórica en España si no fuese porque, lamentablemente, todavía no existe el suficiente consenso, ni la madurez política para afrontar el futuro de un espacio simbólico tan relevante para la historia de nuestro país. Estos días estoy leyendo diferentes artículos y noticias de opinión donde abundan las soflamas enconadas y escasean los argumentos razonados, como los incluidos en las conclusiones del referido informe, al cual dedicaron tiempo y reflexión un buen número de expertos de diferente signo político y trayectoria profesional.

El gobierno no está obligado a nada por la votación de hoy, pero su abstención es al menos un tímido paso en la dirección correcta: el debate. El cementerio del barrio militar de Mingorrubio (El Pardo) podría ser el destino final de los restos del dictador, en el panteón familiar donde se encuentra su esposa.

 

 

El Valle del Olvido (I)

40 años

Hoy se cumplen 40 años de la muerte de Francisco Franco, el hombre que lideró el último de los tres grandes regímenes fascistas europeos del siglo XX surgidos durante el período de entreguerras y conocido como nacional-catolicismo. Con motivo de dicho aniversario, desde hace algunos meses he puesto la atención sobre uno de los iconos monumentales que marcaron esa época y que mejor sintetizan los principios sobre los cuales se asentó el régimen de Franco; el Valle de los Caídos. Obviamente no se trata de un estudio en profundidad, es más bien una puesta al día y una recopilación de lecturas, fuentes y reflexiones acerca del pasado, presente y futuro del memorial que nunca fue y pudo ser, o tal vez algún día será y nunca debió ser.

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Entrada de la Basílica del Valle de los Caídos (Madrid) – Foto: El inquilino digital

Con esa motivación, abro hoy esta serie de publicaciones alrededor de un tema apasionante y muy necesitado de investigación desde diferentes áreas de conocimiento, que abarcan el trabajo de arquitectos, historiadores, juristas, forenses o antropólogos. El desafío es amplio y complejo, no está libre de dificultades y es probable que la sociedad española aún no esté preparada para afrontarlo. Pero una memoria digna y aceptada sin tabúes bien merece el esfuerzo, porque es la mejor herencia cultural que podemos dejarle a nuestros descendientes. Y por otra parte, es también el mejor homenaje que podemos rendirle a los españoles y extranjeros de todo género y condición, en uno y otro bando, que sufrieron las consecuencias de una cruel contienda civil y de una larga dictadura posterior que se extendió durante al menos dos generaciones.

De idea a proyecto

El complejo monumental del Valle de los Caídos fue ideado y promovido por Franco para honrar la memoria de los muertos en la Guerra Civil Española al finalizar la contienda, en 1939. Su construcción tuvo un carácter urgente y excepcional, con una duración inicial prevista de dos años. Sin embargo, la escala y complejidad del proyecto hicieron que tuviesen que transcurrir veinte años hasta su inauguración el 1 de abril de 1959, coincidiendo con el aniversario de la finalización de la guerra.

Franco Proyecto

El 1 de abril de 1940, ante el risco de Cuelgamuros, Franco hizo estallar el primer barreno simbólico y luego explicó personalmente sobre los planos a todos los presentes (los embajadores de Italia, Alemania y Portugal, las señoras, el propio arquitecto Muguruza, las autoridades militares y las jerarquías del Movimiento, con Sánchez Mazas y Serrano Suñer a la cabeza) la magnitud de la obra que aquel día comenzaba – Foto: Sueiro, Daniel; La verdadera historia del Valle de los Caídos

El Valle de los Caídos se presentó en los canales de comunicación oficial de la época como un monumento para honrar la memoria de los caídos de “uno y otro bando” y destinado a favorecer la “reconciliación nacional”, aunque el Artículo I del propio decreto de construcción publicado en 1940, ya dejaba patente cuál era el verdadero objeto y misión del monumento  :

“Artículo I .- Con objeto de perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada, se elige como lugar para su reposo, donde se alcen Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes, la finca situada en las vertientes de la Sierra del Guadarrama, término de El Escorial, conocida hasta hoy con el nombre de Cuelga-muros, declarándose de urgente ejecución las obras necesarias a tal efecto y siéndoles de aplicación lo dispuesto en la Ley de siete de octubre de mil novecientos treinta y nueve.”

Este primer aspecto; la naturaleza propia del monumento, su objeto y misión, representa una polémica que ha llegado hasta nuestros días en la conciencia colectiva de los españoles. El Valle de los Caídos no ha conseguido convertirse en ese memorial de reconciliación que los ideólogos del régimen de Franco intentaron crear, porque en su génesis misma ya se planteó como un homenaje unilateral y excluyente a la victoria.

Posturas encontradas

Hoy en día, existen al menos tres posturas encontradas alrededor del monumento. Por un lado, los que lo utilizaron durante décadas como templo de exaltación falangista y del franquismo, provocando el miedo y el rechazo de gran parte de la sociedad española. El traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera a un lugar preeminente de la Basílica como el “primero y más importante de los caídos”, contribuyó sin duda a hacer del lugar un santuario para este sector de la sociedad.

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La piedra fría, la niebla y el verde de los pinos, junto con el tamaño de la construcción, forman un conjunto sobrecogedor – Foto: El inquilino digital

Por otro lado, encontramos opiniones más moderadas que han defendido voluntariosamente su carácter de homenaje a todos los caídos y la reconciliación de los españoles. A menudo se olvida que el “caído” más preeminente en el monumento después del fundador de Falange, es Francisco Franco. Si hay algo seguro es que Franco no fue caído en la guerra, lo cual plantea un serio dilema alrededor de su inhumación en el valle y el sentido del lugar como memorial a los caídos.

Por último, están otros muchos que ven el monumento como una enorme mole de piedra caída en olvido y destinada a perpetuar la figura de un dictador y su régimen. Un lugar donde yacen los restos sin honores de decenas de miles de republicanos anónimos, enterrados –o más bien amontonados- junto a sus enemigos en la contienda. Una visión que se apoya en las evidencias y la realidad misma del monumento en la actualidad. Sin mencionar a aquellos que directamente lo volarían por lo que representa, sin atender a su valor histórico, ni al respeto debido a todos los allí enterrados, por encima de su filiación durante la guerra.

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Constitución de la Comisión de Expertos. Complejo de La Moncloa, Madrid 30 de mayo de 2011 – Foto: RTVE

En este sentido, el Informe de la Comisión de Expertos para el Futuro del Valle de los Caídos elaborado en 2011 , arrojó valiosas conclusiones por parte de un grupo multidisciplinar integrado por especialistas de diferente origen y signo político. Este grupo de expertos dedicó varios meses a analizar cuál debería ser el destino del monumento, su nuevo objeto y misión, dentro de los principios de la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de Diciembre) Me detendré sobre este informe más adelante, aunque lamentablemente su alcance fue limitado.

Llegado a este punto, confesaré que escribir cualquier cosa sobre el Valle de los Caídos es una tarea difícil. No me refiero a una complejidad técnica por la naturaleza del tema, más bien pienso en la mezcla de sentimientos encontrados que produce el lugar; su valor histórico, simbólico y también su carácter de santuario para miles de víctimas de la guerra. El Valle de los Caídos es tal vez el único monumento de esas características que existe en el mundo occidental contemporáneo, sólo comprensible en el seno de una sociedad como la española y su contexto histórico.

En mi visita de campo, realizada a finales de octubre de 2015, pude ser testigo del aire colosal e intimidatorio del conjunto arquitectónico, que estalla ante nuestros ojos en medio de un hermoso pinar. También de su enorme fuerza iconográfica donde nada parece casual y las dimensiones sobrehumanas de su basílica excavada en la roca. Asistí a la misa cantada por la Escolanía y presencié una liturgia de aire preconciliar y realizada de espaldas a los fieles gran parte del tiempo. Durante la misa, permanecí sobrecogido por el frío, la penumbra, el silencio y el vacío que uno siente –sólo roto por las voces de los niños- en el interior del crucero donde yacen los restos de Francisco Franco, Jose Antonio Primo de Rivera y más de 30.000 fallecidos de ambos bandos en la guerra civil, repartidos en las capillas laterales de la basílica.

Un fascismo peculiar

A diferencia de lo ocurrido en Italia con Mussolini (1922) o en Alemania con Hitler (1933), el nacional-catolicismo en España tiene algunas características que lo hacen único en el contexto de los fascismos de entreguerras.

En primer lugar, una guerra civil previa de origen político (1936-1939) vinculada con una tradición muy española de pronunciamientos militares procedente del siglo XIX. Le sigue una componente religiosa muy importante, sin la cual no puede entenderse la naturaleza misma del régimen y que está reforzada por la defensa o cruzada contra el anti-clericalismo desatado durante la guerra. Ello forjará una alianza del nuevo poder surgido por las armas y la Iglesia católica, que no se verá debilitada hasta la llegada del Concilio Vaticano II entre 1962-1965.

Por último está su carácter no menos importante como epílogo de esta serie de regímenes totalitarios, concluyendo fuera de período en 1975 con la muerte de Franco por causas naturales. La extraordinaria longevidad del franquismo hizo que se extendiese entre 1939-1975 experimentando diversas etapas o mutaciones políticas a lo largo del tiempo (Posguerra, Autarquía, Apertura, Desarrollismo y Declive). Dichas etapas suavizaron -y casi normalizaron- un régimen que llegó a distanciarse moralmente de los otros fascismos europeos, a pesar de compartir muchos de sus principios fundacionales.

España aún vive cierto estado de contradicción en lo referente al cierre de esa etapa histórica, porque la dicotomía entre memoria y olvido sigue atormentando a los españoles mucho tiempo después del fin de la guerra civil. En ese sentido, el Valle de los Caídos es un paradigma de los miedos y contradicciones que subyacen en la sociedad española para enfrentar su pasado más oscuro.

La monumental grandiosidad

Cuelgamuros era el nombre de la finca que deslumbró a Franco como una premonición para levantar el enorme monumento. El que fue primer Abad de la Basílica, Fray Justo Pérez de Urbel, relató de ese momento en que Franco y Moscardó hicieron sobremesa a comienzos de 1940 con una caminata por la sierra madrileña. Moscardó seguía jadeante a Franco tras pasar el Alto de los Leones, cuando el Caudillo al ver el Risco de la Nava quedó impresionado por las características del lugar como escenario para su proyecto personal de pasar a la posteridad. (Sueiro, pp.25) 

Cuelgamuros es un eufemismo histórico del nombre original que aparecía registrado en las escrituras del siglo XIX: Pinar de Cuelga-Moros. Se trata de un valle poblado de pinos, aromático, empinado y frío, situado en las estibaciones de la Sierra de Guadarrama en Madrid. Lo corona el Risco de la Nava y el llamado Altar Mayor, a 1.400 m. de altura, lugar que finalmente fue elegido por Franco para sustentar la enorme cruz que puede verse hoy en día desde decenas de kilómetros.

Aunque el régimen vistió su construcción como un homenaje a los caídos “por Dios y por España” son numerosos los testimonios de personas muy cercanas al Caudillo, como su primo el general Franco Salgado-Araújo , que ilustran la obsesión de Franco por dejar constancia de su persona en ese homenaje. Como relata Daniel Sueiro, “Franco quería tener su pirámide […] en el puro sentido faraónico de tumba y desafío a la posteridad” (Sueiro, pp.16) 

Pedro Muguruza

Pedro Muguruza – Foto: Abadía de la Sta. Cruz del Valle de los Caídos

La persona encargada de convertirlo en realidad fue Pedro Muguruza, el arquitecto designado para diseñar y ejecutar el proyecto de Franco para el Valle de los Caídos. Muguruza era un hombre próximo al régimen de Franco, Director General de Arquitectura cuando terminó la guerra y responsable de la reconstrucción de gran parte de los espacios devastados por la guerra. Era un hombre teórico, enérgico e inspirado en la idea del “sentido imperial de nuestra arquitectura” la cual, debía conectar con los “valores universales que los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II arrojaron en España en una voluntad de Imperio…” 

En palabras de Daniel Sueiro, Muguruza era retórico, “imperial”, pero no era colosalista como Franco, o al menos no tanto como cabría esperar en el gran momento de la “poética de lo colosal” en Europa. Admiraba a Albert Speer y a Enrico Del Debbio, arquitectos de referencia de Hitler y Mussolini respectivamente. Llegó a organizar una importante Exposición de Arquitectura Contemporánea Hispano-Alemana en 1942 y adquirió enorme poder e influencia al inicio del franquismo, al igual que le ocurrió a Speer con Hitler. Y como Speer, también fue un hombre destinado a materializar los delirios arquitectónicos de un dictador en aras de fundar una nueva sociedad.

En los próximos posts abordaré con más detalle esa interesante conexión entre fascismo y arquitectura, el papel de los trabajadores-presos y su tratamiento historiográfico, los enterramientos y la demanda de identificaciones, el papel de la Iglesia a través de la Orden Benedictina vinculada al complejo monumental y las posibilidades reales que existen de que un notable símbolo del franquismo pueda transformarse, algún día, en un auténtico memorial para todos los españoles. Espero que el tema os inspire tanto como me ha inspirado a mí y os agradezco vuestro apoyo y seguimiento, os espero a tod@s muy pronto.

Referencias:

Asumir el presente

Manuel Valls inaugurando el memorial de Rivesaltes – Fuente: Guillaume Horcajuelo (EFE)

“El oficio de historiador es antipático”… Así lo definió este verano mi amigo historiador Robert Neisen cuando paseábamos por la sierra madrileña y creo que no puede tener más razón. No se trata de agradar con los hechos, se trata de hacerles justicia y dar las máximas garantías de verosimilitud. Tan importante es asumir el pasado como aceptar que los hechos a veces no respondan a nuestros deseos o expectativas, es lo podríamos llamar “asumir el presente”.

Hoy aparece una información en EL PAÍS -el mismo medio que decía ayer lo contrario- que desmiente una oscura intención por parte del gobierno español acerca del memorial de Rivesaltes (Francia) para honrar a los republicanos españoles que huyeron a Francia. Al parecer, fue el propio gobierno francés quien cursó una invitación “discreta”, porque deseaban que fuese un acto interno de Francia sin autoridades de primer nivel por parte de España . Tal vez Manuel Valls no quería hacerse la foto con Rajoy o al revés. Quien sabe.

En cualquier caso, hubiese sido una ceremonia mucho más lucida y emotiva si los dos gobiernos hubiesen hecho un acto solemne de reconocimiento y reconciliación con el pasado.

Aquí la noticia publicada sobre el acto de ayer: Valls reprueba la “humillación” a los refugiados españoles en Francia