La cara y la cruz del miedo

 

El miedo es una fuerza poderosa y a menudo incontrolable. Se manifiesta en casi todos los animales -incluido el ser humano- y es capaz de impulsar o paralizar nuestra voluntad ante una amenaza. Hay quien lo ve como una respuesta ancestral y adaptativa para sobrevivir. Otros defienden que se trata de algo aprendido e instalado en el subconsciente. La historia por su parte, nos ha enseñado que los mismos principios del miedo que mueven a los individuos, pueden ser también aplicables a las sociedades. No en vano, sus efectos se han hecho visibles en momentos históricos señalados, creando relatos de heroismo, insensatez, crueldad o pasividad, según las circunstancias y el tipo de respuesta social en cada momento.

Entrada a la exposición en el Augustinermuseum de Friburgo - Foto: elinquilinodigital

Entrada a la exposición en el Augustinermuseum de Friburgo – Foto: El inquilino digital

Escribo sobre ello porque estos días, en los que aún resuenan los inquietantes resultados de las últimas elecciones en Alemania y en España sufrimos una tormenta de populismo nacionalista e independentista sin precedentes en los últimos 60 años, todavía puede visitarse una exposición en ⇒Friburgo de Brisgovia (Alemania) acerca de la llegada y el impacto del ⇒Nacionalsocialismo en esa ciudad (National-Sozialismus in Freiburg)

Tuve la ocasión de recorrerla este verano y me produjo una gran impresión, además de sana envidia por el tratamiento dado a un capítulo tan complejo en la historia de ese país. Se trata de un proyecto audaz en su planteamiento que no deja indiferente al visitante y -a mi juicio- un completo análisis sobre el miedo en todas sus manifestaciones. El recorrido comienza por una invitación a responder algunas preguntas: “QuiénPorquéCómoQué” acerca de las razones que llevaron a muchos ciudadanos de esa ciudad a aceptar pasivamente o con entusiasmo una realidad política tan terrorífica en sus planteamientos y amenazante en su expresión cotidiana. 

Colección de objetos y enseres procedentes del archivo de la ciudad - Foto: elinquilinodigital

Colección de objetos y enseres procedentes del archivo de la ciudad – Foto: El inquilino digital

La ciudad de Friburgo es el hilo conductor en un relato de objetos, lugares, símbolos y nombres propios. Víctimas, verdugos, héroes y oportunistas le ponen rostro cotidiano a muchas de las claves presentes en la génesis del nacionalsocialismo, la caída de la ⇒República de Weimar y el clima político-social de Alemania en la década de los 30 del siglo XX. Un país minado por la crisis mundial, los efectos de la I Guerra Mundial y las consecuencias del ⇒Tratado de Versalles

 

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Víctimas, verdugos, héroes y oportunistas le ponen rostro cotidiano a muchas de las claves presentes en el ascenso del nacionalsocialismocomillas_close

 

El Dr. Robert Neisen explicando el contenido de la exposición durante la visita - Foto: El inquilino digital

El Dr. Robert Neisen explicando el contenido de la exposición durante la visita – Foto: El inquilino digital

La muestra es un recorrido documental conducido con maestría por el Dr. Robert Neisen, historiador y amigo que, junto a otros investigadores, ha contribuido al éxito de este proyecto valiente y arriesgado en su planteamiento. Valiente, porque dirige una mirada frontal y sin complejos hacia el pasado más oscuro de Alemania. Arriesgado, porque implica buscar respuestas racionales en un contexto que aún mantiene una fuerte componente emocional. El resultado es revelador, la radiografía de un momento histórico complejo de Alemania a través del testimonio de sus ciudadanos, la propaganda política, el papel de la Iglesia Católica, la Universidad y otras fuentes que permanecían dormidas en el archivo de la ciudad hasta este momento.

Friburgo era una ciudad más de Alemania en 1933. Tranquila y apacible puerta de entrada hacia la belleza natural de la Selva Negra, acariciada por el rumor del agua y perfumada por el frescor de los bosques. Sede universitaria de primer nivel desde el siglo XV y lugar privilegiado de encuentro de comerciantes de lana, plata y madera desde su fundación en el año 1120. Un lugar agradable para vivir, que hoy en día mantiene intactas sus señas de identidad.

Vista de la ciudad de Friburgo, con la Selva Negra al fondo

Vista de la ciudad de Friburgo, con la Selva Negra al fondo – Foto: otroscaminos.com

Pero algo cambió a comienzos de 1933, como en tantos lugares de Alemania en esas fechas. Todo pareció teñirse con el color marrón de la intolerancia. El rumor del agua dejó paso al sonido de las botas sobre el empedrado y el olor del miedo sustituyó al frescor del bosque. Miedo cómplice, silencioso, dócil… pero también digno y arrojado en muchos de sus protagonistas. Ciertamente, no resultaba fácil ser alemán en 1933, no digamos ya si además se era judío, comunista, homosexual, discapacitado o simplemente disidente con la corriente dominante impuesta por el ⇒NSDAP, el partido nazi de Adolf Hitler surgido de unas elecciones ganadas en 1933, tras varios intentos fallidos de hacerse vorazmente con el poder desde una década antes.

Marcha de la SA en el Congreso del partido en la Plaza de la Catedral de Freiburg, Julio de 1939 (Museo Municipal de Friburgo, Augustinermuseum. Donación Egon Fehrenbach 2016/081.21- Foto: Egon Fehrenbach)

Marcha de la SA en el Congreso del partido en la Plaza de la Catedral de Freiburg, Julio de 1939 (Museo Municipal de Friburgo, Augustinermuseum. Donación Egon Fehrenbach 2016/081.21- Foto: Egon Fehrenbach)

Stefan Meier: El valor de los principios

Stefan Meier (1889-1944) (Stadtarchiv Freiburg, K-1/85 1.7.1)

Decía Jean Paul Sartre que “a los verdugos se les reconoce siempre, tienen cara de miedo”. Yo añadiría que también se reconoce a los héroes y tal vez por la misma razón. El miedo es así, no discrimina entre buenos y malos. Los nombres propios que forman el mosaico de alemanes que hicieron del miedo una virtud, aparecen hoy brillando entre los adoquines de esa ciudad. Una lista amplia de personas que sacrificaron su vida por ser quienes eran, cuestionar lo que estaba ocurriendo o simplemente por no encajar en un modelo de sociedad ideal diseñado por mentes criminales.

El artista alemán ⇒Gunter Demnig ideó en 1992 este modo de homenajear a todos aquellos represaliados por el nazismo. Los ⇒Stolpersteine  “son cubos de cemento de 10 x 10 x 10 centímetros que en la parte superior llevan incrustadas una placa de latón de 10 x 10 centímetros. En ésta se encuentran grabados los datos esenciales de la persona que se conmemora. Estos monumentos son colocados en aceras, haciendo el hueco necesario para ser acogidos y encementados, formando ya parte de ellas, quedando su superficie superior casi al ras del suelo, siendo éste sobrepado por el leve espesor de la placa metálica. Este resalte sobre el nivel del suelo podría ser, tal como ocurre en la colocación de adoquines y baldosas, motivo para ocasionar un tropiezo al caminante. En esto se basa su nombre. Pero lo que se pretende es que el caminante, al percibir el resalte en el camino, se detenga y se incline para leer lo que en la placa está escrito. Esta inclinación podría equivaler a un gesto de respeto por la persona que se recuerda”.

Fotograma del documental de Annette Wagner acerca del proyecto Stolpersteine de Gunter Demnig (en alemán, se recomienda activar subtítulos en Español en Youtube)

Fotograma del documental de Annette Wagner acerca del proyecto Stolpersteine de Gunter Demnig (en alemán, se recomienda activar subtítulos en Español en Youtube) – Enlace: https://youtu.be/NsOr-jpdRd4

Escribir acerca de todos ellos (más de 50.000 en varios países, unos 270 sólo en Friburgo ⇒Ver lista completa) sería una tarea demasiado extensa para las humildes pretensiones de este espacio. En lugar de eso, he preferido dirigir hoy la mirada hacia una de esas piedras, la que me hizo tropezar a mí este verano gracias a esta exposición.

 ⇒Stefan Meier (1889-1944) era un parlamentario alemán procedente de Friburgo y uno de esos nombres propios. Un hombre sencillo, de origen humilde, que perdió pronto a sus padres y trabajó como campesino, aprendiz y dependiente entre 1905 y 1908 tras terminar sus estudios de primaria. Durante la I Guerra Mundial luchó durante cuatro años en el frente y al terminar la contienda, consiguió ganarse la vida como comerciante. A los diecisiete años se adhirió al Partido Socialdemócrata (SPD) de Alemania e inició su carrera en el mundo de la política municipal, ocupando pronto cargos políticos y especializándose en asuntos tributarios y financieros. Hacia 1919 fue nombrado concejal en Friburgo y también alcanzó la secretaría del partido en ese distrito.

En diciembre de 1924, Meier fue elegido al parlamento de la República de Weimar por Baden y mantuvo su escaño durante cuatro legislaturas consecutivas, entre 1924 y 1932, como testigo directo desde la oposición del ascenso del NSDAP hasta las últimas consecuencias.

Adoquin (Stolperstein) conmemorativo de Stefan Meier situado cerca de la que fue su casa en Friburgo – Foto: Joergens

Es necesario contextualizar brevemente el significado que tenía ser parlamentario en la oposición ese año en Alemania. Las elecciones del 5 marzo de 1933 dejaron un parlamento sin candidatos del Partido Comunista de Alemania (KPD). Estos habían sido mayoritariamente arrestados por orden de la policía que controlaba ⇒Joseph Goebbels, tras ser acusados de haber planificado y ejecutado el ⇒incendio del Reichstag. Los comunistas, junto con el SPD, constituían el grueso de la oposición política al emergente movimiento nacionalsocialista. El NSDAP había obtenido así el 44% de los votos a los que se unieron un 8% de sus aliados nacionalistas (el Partido Nacional Popular Alemán) sumando un 52% del Reichstag. Una mayoría absoluta, pero aún insuficiente para los planes de asalto al poder ideados por Hitler y el NSDAP.

El siguiente paso de Hitler fue aproximarse al Partido de Centro (Zentrum) de base católica y liberal, con el objetivo de obtener los 2/3 de votos necesarios para alterar la Constitución de Weimar en su propio interés. Fue el caso de la ⇒Ley Habilitante (Ermächtigungsgesetz), cuyo articulado constituía un recorte significativo de derechos constitucionales y la cesión de poderes dictatoriales a Hitler bajo una apariencia de legalidad.

Las negociaciones con el Partido de Centro dieron resultado mediante diferentes contrapartidas y coacciones, quedando de este modo el SPD como única oposición parlamentaria frente la votación de dicha Ley Habilitante. Con los comunistas neutralizados y el voto favorable de los liberales católicos de Zentrum, Hitler sumó para el NSDAP el 66% de votos necesarios para su tramitación.

El Canciller Adolf Hitler durante su discurso sobre la Ley Habilitante previo a la votación en el nuevo Reichstag (24 marzo 1933) – Foto: Bundesarchiv, Bild 102-14439

Desde la perspectiva de 2017 no es fácil imaginar qué pasaría por la mente de Stefan Meier durante aquella sesión del 24 de Marzo de 1933 cuando se votó la ley en el parlamento. Ante lo que se veía venir, desde el SPD hubo un intento de inhabilitar la sesión parlamentaria por falta de quorum, pero el entonces presidente del parlamento, ⇒Hermann Göring, cambió sobre la marcha las reglas de votación determinando como único quorum necesario el de los “parlamentarios presentes”. La votación comenzó y el resultado fue el esperado. Hitler consiguió obtener 444 votos frente a 94 (todos del SPD) y la ley quedó aprobada. Esa tarde el miedo y el valor se fundieron en los rostros de Meier y los otros 93 diputados que -como él- votaron en contra de lo inevitable y pusieron rumbo a un destino trágico.

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Esa tarde, el miedo y el valor se fundieron en los rostros de Meier y los otros 93 diputados que -como él- votaron en contra de lo inevitable y pusieron rumbo a un destino trágicocomillas_close

 

A partir de ese momento, el futuro de Alemania y el mundo quedarían sujetos durante años a la voluntad desquiciada de un sólo hombre. Y es ahí donde empieza la verdadera historia épica de Meier, porque sus principios permanecieron inalterables a pesar de los acontecimientos. Como se puede suponer, Meier era el socialdemócrata más conocido de Friburgo y no tardó en ser arrestado apenas terminó aquella tormentosa sesión en el parlamento. Fue enviado al recién creado campo de concentración de ⇒Ankenbuck (anterior “colonia de trabajadores” para desempleados por la crisis) donde se realizaban trabajos forzados agrícolas y de construcción de carreteras, como método reeducativo para opositores con cierto perfil público. Meier permaneció allí durante un largo año, junto a otros miembros ilustres del SPD como Philipp Martzloff o comunistas del KPD como Georg Lech, todos represaliados por su oposición al NSDAP.

Aspecto actual de la tienda de tabaco de Stefan Meier en la Rathausgasse de Friburgo (derecha de la imagen) - Foto: tabakmeier.com

Aspecto actual de la tienda de tabaco de Stefan Meier en la Rathausgasse de Friburgo (derecha de la imagen) – Foto: tabakmeier.com

Fue excarcelado en 1934 y volvió a Friburgo, donde le permitieron abrir un estanco para ganarse la vida (aún hoy puede visitarse esa tienda en el callejón del Ayuntamiento) La reeducación impuesta por el régimen no tuvo mucho éxito y Meier no abandonó sus principios, organizando la resistencia socialdemócrata en la clandestinidad y sin ocultar su rechazo al régimen nazi. La ⇒Gestapo seguía sus pasos desde entonces y años más tarde, en 1941, fue detenido de nuevo por la denuncia de un vecino. Al parecer, el delito fue comparar a un “megalómano” Hitler devorando Europa “como Gengis Khan”, en un “frenesí de sangre”. Opiniones captadas en una conversación preparada por la Gestapo y su delator acerca de la campaña rusa.

Fue condenado a tres años por un tribunal de Friburgo y enviado al campo de concentración Mathausen donde falleció en 1944 a causa de una “debilidad cardiaca aguda” según el acta de defunción, una patología demasiado común en Europa en esa década y que en España había adquirido nombres como “hemorragia interna”, “fallo cardiaco” o “herida por arma de fuego” en numerosas actas de defunción desde 1936.

Meier aceptó su destino y nunca renunció a sus principios, a pesar de vivir una época difícil y experimentar todas las facetas del miedo. Hoy su nombre brilla en el latón de Marienstrasse, esperando que muchos jóvenes tropiecen casualmente con su piedra (stolperstein) paseando una tarde de verano. Tal vez así puedan apreciar, a través de su historia y las de much@s como él, el valor que tiene escuchar el rumor del agua y sentir el frescor de los bosques sin ningún miedo.

A mi querido Robert,

CERVEZA, PAZ Y AMISTAD.

 

DATOS EXPOSICIÓN:

NATIONAL-SOZIALISMUS IN FREIBURG
26 Noviembre 2016 – 7 Octubre 2017
Agustinermuseum – Städtische Museen Freiburg Im Breisgau
Augustinerplatz – 79098 Freiburg im Breisgau
augustinermuseum@stadt.freiburg.de
www.freiburg.de/museen
+49 (0) 761/201-2501

El Valle del Olvido (II)

Segunda entrega sobre el Valle de los Caídos, la arquitectura de los fascismos y el dilema sobre la utilidad que debe darse a los vestigios históricos de regímenes totalitarios.

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Escaparate de la tienda de souvenirs a la entrada de la basílica del Valle de los Caídos (Madrid) Foto: elinquilinodigital

Comienzo este segundo post confesando que me gustaría escribir que he pasado los últimos cuatro meses obsesionado con este tema y consultando toneladas de documentación a la luz de una lámpara, pero la realidad suele ser menos poética. Tan simple como que a veces nuestros proyectos personales bajan en escalera mecánica y los profesionales suben por el otro lado, se cruzan y se miran atontados al pasar, como en unos grandes almacenes.

Afortunadamente, la vida cotidiana te da un respiro cuando menos lo esperas y te permite volver a lo extraordinario. En mi caso, por fin encontré algo de tiempo para retomar mi primer post sobre el Valle donde lo dejé, ordenar papeles e ideas y cumplir mi palabra de darle continuidad, espero que te parezca interesante.

Arquitectura, fascismo y totalitarismo

A nadie se le escapa que los regímenes fascistas de entreguerras durante el siglo XX utilizaron la arquitectura como instrumento de sumisión colectiva. Algunos de sus ideólogos admitieron estar inspirados en la Roma Imperial o el Antiguo Egipto, buscando sobrepasar la escala humana y dotar a la sociedad de un “orden” que “se había perdido” con la Revolución Industrial y la llegada de los movimientos sociales en el siglo XIX. Uno de esos ideólogos, Albert Speer, decía que ese orden, fruto de un “nuevo tiempo”, debía sentirse en los espacios públicos e interiorizarse individualmente 

En esa voluntad higienizante de la sociedad tan característica de los fascismos, impera el orden, la linealidad y el colosalismo. Los arquitectos adscritos al poder totalitario adquirieron un gran protagonismo durante las décadas de 1930 y 40. Especialmente en Alemania, con Albert Speer y su Neue Baukunst (Nueva Arquitectura) o también en España con Pedro Muguruza, considerado como el arquitecto de cabecera de Franco y encargado de materializar algunas de sus más sonadas obsesiones.

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Proyecto de Boris Iofán para el Palacio de los Soviets

Paralelamente, en el ámbito del comunismo soviético, también encontramos nutridos ejemplos de lo que vino en llamarse “realismo socialista” o “realismo heroico”. La época de Stalin representó una etapa también conocida como gótico estalinista, en la cual destacaron numerosas construcciones y planes de reordenación urbana, con el exceso como característica predominante. A ésta época pertenecen los llamados “Rascacielos de Stalin” (o también las “Siete Hermanas”) y el proyecto estrella que culminó esta era, el Palacio de los Soviets, que nunca llegó a construirse y fue proyectado por Borís Iofán, el arquitecto predilecto de Stalin. Se trataba de una mole destinada a convertirse en el edificio más alto del mundo (415 m.) con una estatua de Lenin de 100 m. de altura en su cúspide. Nunca llegó a realizarse

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Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), la obra más importante de Juan de Herrera y máximo exponente del estilo imperial español – Foto: National Geographic España

Como adelanté en el post anterior, en la España de Franco esta corriente arquitectónica común a todos los fascismos adquirió un tinte “imperial” o “neoherreriano”. Dicha denominación viene de su conexión estética con la época imperial española (último tercio del siglo XVI) y el arquitecto de referencia de Felipe II, Juan de Herrera. Gran parte de los edificios y monumentos construidos durante la posguerra en Madrid (Arco de la Victoria, Ministerio del Aire, Nuevos Ministerios) responden a esa influencia, aunque sin duda el máximo exponente del anhelo de Franco por conectar su régimen con la época de la España Imperial, está representado por el Valle de los Caídos. Tanto su ubicación geográfica como sus dimensiones, su estilo arquitectónico y su carácter funerario, reflejan el deseo de crear un pequeño “Valle de los Reyes” en plena Sierra de Guadarrama.

La Sierra de Guadarrama tiene un alto valor simbólico y estético para la monarquía en España, especialmente para aquellos reyes que hicieron imperio, como Felipe II. El antiguo Palacio de Valsain en Segovia ya fue residencia del monarca y se dice que fue allí donde concibió la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.  Hay autores que defienden que no fue casual que Franco pusiese la vista en ese decorado regio para construir su tumba del Valle de los Caídos, pensando tal vez que así quedaría emparentado de alguna manera con la realeza imperial española.

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Vista frontal de la entrada a la basílica y la cruz, los minúsculos paseantes de la escalinata dan una idea del tamaño colosal del complejo – Foto: El inquilino digital

Pese a todo, los delirios arquitectónicos de Hitler aparecen algo más prosaicos que los de Franco, aun compartiendo inspiración y las señas de identidad comunes de la arquitectura en todos los fascismos: tamaño colosal, sentido racionalista y estética heroica.

Al igual que Franco, Hitler también buscó casi una década antes la conexión con un pasado imperial que diese fuerza y legitimidad al nacionalsocialismo. La ciudad alemana de Núremberg en la región de Franconia, dentro del estado de Baviera, fue el lugar elegido por el Führer como epicentro ideológico del nazismo. El pasado histórico de la ciudad como sede de las Dietas Imperiales (Reichstage) entre los siglos XI-XVI y su castillo medieval, inspiraron el proyecto de un enorme centro de convenciones políticas y paradas militares.

Como se explica a continuación en la galería fotográfica Fascinación y Poder: “Núremberg fue designada ‘Ciudad del Día del Partido’ por los nacionalsocialistas, principalmente por motivos pragmáticos: estaba convenientemente situada en el centro de Alemania y disfrutaba de excelentes comunicaciones. Además, había sido una ciudad industrial y obrera, una fortaleza socialdemócrata hasta 1933, aunque la policía local tenía fuertes simpatías hacia el Partido Nazi. El Nacionalsocialismo se instaló muy pronto en Núremberg y tuvo unos buenos resultados electorales, principalmente debido a la propaganda y a la figura de Julius Streicher, el Gauleiter (líder de zona del partido nazi) local”. También he recopilado algunas imágenes del Valle de los Caídos y su construcción en éste enlace dentro de una galería que he llamado La balada de Cuelgamuros.

Tras el largo período de amnesia colectiva experimentado por el país tras la guerra y el Proceso de Núremberg de 1945, vino la frase legendaria del canciller Konrad Adenauer: “La máquina debe seguir funcionando” para justificar la presencia de altos funcionarios nazis en su gobierno. Numerosos criminales nazis no fueron perseguidos y pudieron continuar su carrera en la vida civil, después de una purga simbólica que recibió el nombre de amnesia fría 

Pero la verdadera memoria en Alemania empezó a recuperarse en 1963, con el famoso proceso de Auschwitz contra un grupo de guardias del campo en Fráncfort. El juicio permitió a los jóvenes alemanes tomar conciencia de los crímenes cometidos por sus padres, una nueva catarsis que explotó con la revuelta estudiantil de 1968, cuando los jóvenes lanzaron a sus familiares una pregunta crucial: ¿Qué hiciste tú en la guerra?

Ya en la década de los 90 del siglo XX, la sociedad alemana vivió un profundo debate acerca de cómo abordar su propia memoria histórica desde la perspectiva de los monumentos y espacios construidos por el nazismo. Las opciones eran destruir o preservar. Optaron por reconvertir y -con el nuevo milenio- se inauguraron numerosos memoriales como el Museo Judío de Berlín (2001), el Monumento al Holocausto (2003-2005) y también el Centro de Documentación sobre la Historia de los Congresos del Partido Nazi en Núremberg (2001)

En España, la memoria histórica sin embargo aún levanta ampollas. Es difícil imaginar un debate sosegado alrededor de la cuestión, tal y como se produjo en Alemania en los años 1990-2000. No digamos ya encontrar consensos sobre qué hacer con espacios como el Valle de los Caídos.

Destruir, olvidar o preservar

El gobierno de J.L. Rodríguez Zapatero (2004-2011) intentó impulsar diversas medidas legislativas para reconocer y ampliar derechos a las víctimas de persecución o violencia durante la Guerra Civíl y la Dictadura. La más destacada fue la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de Diciembre), que tiene por objeto -pues sigue vigente- “suprimir elementos de división entre los ciudadanos” y también “facilitar el conocimiento de los hechos y circunstancias acaecidos durante la Guerra Civíl y la Dictadura”.

En ese contexto legal se formó la Comisión de Expertos para el Futuro del Valle de los Caídos en mayo de 2011. Según los datos recopilados por esa Comisión, en el Valle de los Caídos yacen los restos registrados de 33.847 personas, víctimas de uno y otro bando de la contienda, que desde 1959 hasta 1983 fueron llevados en 491 traslados desde fosas y cementerios de casi todas las provincias de España, para ser depositados en columbarios individuales y colectivos, situados en las ocho cavidades adyacentes al crucero y a las capillas de la Basílica de la Santa Cruz. Los principales traslados se produjeron en 1959 (11.329), en 1961 (6.607) y en 1968 (2.919), siendo los últimos en 1983. De los restos inhumados, 21.423 registros son de víctimas identificadas y 12.410 de personas desconocidas, de acuerdo con la documentación que consta en Patrimonio Nacional.

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Vista del interior de la Basílica de la Santa Cruz y tumba del dictador Francisco Franco en primer término – Foto: Santiago Lopez Pastor FLICKR

Además, en el templo, en lugar preeminente al pie del altar, yacen también los restos de José Antonio Primo de Rivera, trasladados desde el Monasterio de El Escorial con ocasión de la apertura de la Basílica y los del dictador Francisco Franco, enterrado allí tras su muerte natural en 1975.

El deterioro del conjunto monumental hacen insuficientes su conservación y mantenimiento actuales, avanzando hacia un estado ruinoso. En 2011, la Comisión estimó en unos 13 millones de euros el presupuesto necesario para rehabilitar y alargar la vida útil del monumento. Esta cifra y el carácter como memorial para los vencedores que tradicionalmente ha tenido, invitaba a pensar en la posibilidad de no intervenir como la más conveniente, dejando que la Historia hiciese justicia sobre el lugar.

Sin embargo, es difícil obviar el hecho de que allí se encuentran inhumados los restos de más de treinta mil españoles, de distintas ideologías y territorios, muertos por causa de la Guerra Civil. Todos ellos merecen respeto y recuerdo, además de que deben servir de ejemplo para generaciones venideras acerca de las consecuencias de una contienda fratricida.

Este razonamiento llevó a esa Comisión a adoptar como válidos los argumentos de que el monumento debe conservarse, igualando y centralizando su interés en todas las víctimas de la contienda. También la necesidad de dotar de un nuevo significado al conjunto como memorial, sin perder su identidad como proyecto simbólico del bando vencedor por la necesidad de ser explicado e investigado, en un discurso que desvele la significación global de dicho proyecto. Pero ello requiere amplios consensos sociales en España que incluyen a la Iglesia Católica, además de una voluntad política decidida, equilibrada y reconciliada con el pasado. Eso no es fácil.

Las conclusiones de la Comisión son una lectura interesante que sin duda servirá en el futuro, porque será complejo reunir de nuevo en este país un grupo de expertos similar para reflexionar durante meses acerca de nuestra memoria sin caer en el revanchismo político.

Todos los dictadores del siglo XX anhelaban pasar a la posteridad como emperadores, pero tan sólo Franco consiguió escapar del juicio histórico que tuvieron sus poderosos coetáneos Hitler, Mussolini o el propio Stalin. Mientras España logra asumir su pasado, Franco todavía yace enterrado en el enorme santuario que él mismo ideó en el centro mismo del país, todo ello con una naturalidad que todavía resulta sorprendente.

De espaldas a la posteridad

Casa natal de Hitler en Braunau Am Inn (Austria) con el monolito de piedra de Mauthausen que reza: “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos lo advierten” frente a la entrada - Fuente: JOE KLAMAR AFP / Reuters-Quality

Casa natal de Hitler en Braunau Am Inn (Austria) con el monolito de piedra de Mauthausen que reza: “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos lo advierten” frente a la entrada – Fuente: JOE KLAMAR AFP / Reuters-Quality

En Austria, incluso la tumba de los padres de Hitler tuvo que ser retirada en 2012 como consecuencia de las peregrinaciones de neonazis y mitómanos, no digamos ya la tumba del propio Hitler, que nunca existió como tal -más bien el lugar exacto donde se depositaron sus restos- y fue un secreto de estado fuertemente preservado por el KGB hasta el fin de la URSS en 1991. Más reciente ha sido la polémica alrededor de la casa natal del dictador, que será expropiada por el gobierno austriaco para evitar que caiga en manos inapropiadas 

Benito Mussolini no corrió mejor suerte. Tras despacharse a gusto el pueblo italiano con sus restos por las calles de Milán y ser objeto de todo tipo de peripecias, encontró sepultura en una pequeña capilla en Predappio (Italia) la cual ha sido profanada varias veces 

Ni siquiera Iósif Stalin, que murió en extrañas circunstancias y durante algunos años compartió un lugar de honor en el Mausoleo de Lenin entre 1953-1961, escapó a las conclusiones del XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Dicho congreso declaró a Stalin indigno de compartir sepultura con el líder de la Revolución de Octubre, estableciendo la exhumación de los restos de Stalin desde el mausoleo a un lugar cerca de la muralla del Kremlin durante el período conocido como desestalinización.

En España, nadie se atrevía a hablar directamente con Franco acerca de los detalles de su entierro, ni siquiera Luis Carrero Blanco, hombre de confianza del dictador. No obstante, Diego Méndez, el arquitecto y discípulo de Pedro Muguruza que se encargó de las obras del Valle a su muerte, tomó la iniciativa de hacer una sepultura adicional a la de Jose Antonio, pero en la parte de atrás del altar.

El día que se inauguró el Valle de los Caídos, tras la ceremonia, Franco caminaba tras el altar mayor de la basílica junto a Diego Méndez comentando los detalles de la inauguración. De repente, se detuvo exactamente en el sitio donde estaba ya hecho el hueco para la sepultura y pronunció la famosa frase: “Bueno, Méndez, y en su día yo aquí, ¿eh?”. “Ya está hecho, mi general”, contestó el arquitecto. Nadie volvió a hablar del asunto 

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Galería fotográfica y monografía sobre Núremberg: Fascinación y Poder
Galería fotográfica: La balada de Cuelgamuros

BIBLIOGRAFÍA: