Esta tarde ví llover

David Hillyard & The Rocksteady Seven ayer en G77 – Foto: elinquilinodigital

En estos tiempos en los que el flequillo de Donald Trump se pasea groseramente por Bruselas abroncando a los líderes europeos como si fuesen adolescentes que se escaquean de pagar una fiesta, aún queda espacio para fenómenos más amables y estacionales. Es el caso de la habitual gira de David Hillyard & The Rocksteady Seven, esta vez presentando su nuevo álbum The Giver.

Esta banda internacional (USA, Italia, Bélgica) con la que el saxofonista de origen californiano (San Diego, 1969) viaja por todas partes cuando no lo hace con The Slackers, trae bajo el brazo un trabajo llamativo con una producción sensiblemente más cuidada que la de discos anteriores. Tanto es así que -en mi humilde opinión- la calidad de su sonido en formato digital no envidia nada al vinilo, un formato que ahora parecemos condenados a adquirir a toda costa (restos de una burbuja de postureo millenial que se ha disparado en los últimos años y no siempre por razones objetivas).

Pero más allá del formato y del tempo personal que Hillyard aporta en sus temas, lo que de verdad sorprende en The Giver es la voz desértica, fronteriza y rota de Sean Wheeler. El cantante invitado por Hillyard en este album (y en la gira) aporta matices inéditos en la trayectoria de esta banda, que muda su piel temporada a temporada como una serpiente que se renueva para crecer y curar sus heridas. Wheeler es un cantante procedente del ambiente punk de Palm Springs de los 90 con su banda los Throw Rag, al que algunos pudieron ver el pasado octubre en algunas fechas españolas (Bilbao, Madrid, Barcelona) acompañando a Brant Bjork, hombre clave de lo que se ha llamado escena stoner del desierto californiano. Un showman muy solvente que combina perfectamente entre los 7 de Hillyard y que a más de uno le recordó atinadamente al legendario Tom Waits durante sus fugaces apariciones en el show.   

Anoche hicieron su parada de costumbre en Madrid, en un concierto que arrancó en frío por la inexplicable falta de público –todo Madrid hacía cola para tratar de acceder al festival MadCool a esa hora y todo influye- pero que pese a todo, logró alcanzar la temperatura adecuada cuando un eterno Larry McDonald soltó sus congas y se arrancó a cantar Esta tarde ví llover (el bolero de Armando Manzanero) con un público escaso, pero muy entregado y divertido. Una tradición más en Carabanchel, como el turrón y el gazpacho, que ayer degustamos en intimidad un puñado de gente que nos llamamos por nuestro nombre. Bravo por las tradiciones.

David Hillyard & The Rocksteady Seven – The Giver, 2018

David Hillyard & The Rocksteady Seven actuaron ayer en Madrid (Gruta 77)

¿Los nuevos Skatalites?

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Todo anacronismo que se precie debe ser odioso, al igual que las comparaciones. Pero escuchando en directo a WST (Western Standard Time) es inevitable recordar a The Skatalites, aquella big band que inventó esto del ska y que hacía las delicias de los turistas en Kingston allá por los años 60 del siglo pasado. Eran tiempos en los que Bob Marley era apenas un adolescente de pelo corto que de vez en cuando se colaba en el estudio de grabación con The Skatalites, seguramente buscando aprender algo de esos músicos más veteranos que se buscaban la vida tocando en hoteles. Nada parece haber cambiado mucho, salvo que aquél joven Bob pulsó algún botón que le hizo universal y esos turistas dejan paso hoy a veteranos cincuentones que se mezclan con millennials en pequeñas salas de aquí y allá.

WST ofrecen un repertorio clásico, pero con un sonido puro y lleno de matices -majestuoso diría yo- que en esta gira ha venido adornado por la voz y la presencia de Greg Lee (Hepcat). Al igual que aquellos venerables jamaicanos, esta nueva generación de músicos debe buscarse la vida tocando donde se puede, por pequeños clubs de toda Europa. Gruta 77 ofreció ayer un espectáculo lleno de sabor auténtico y el escenario de la legendaria cueva se quedó pequeño para tanto músico y talento juntos. De hecho, ocurrió lo inevitable y acabaron bajando y tocando entre la gente, como debe ser. Da igual, en ocasiones el arte no necesita demasiado espacio para manifestarse y pocos sitios más apropiados para ello que ese pequeño oasis de cultura urbana escondido en mitad de Carabanchel.

Uno puede imaginar la magia de un concierto de esta big band norteamericana en un escenario más generoso y luminoso, pero estoy seguro de que no sería algo más verdadero. Los músicos grandes son grandes, con independencia del traje que lleven, el suelo que pisen o el día de la semana en que se levanten.

Western Standard Time actuaron ayer junto a The Uppertones en Gruta 77 (Madrid)