Hablar es barato

The Toasters, gira Europa 2017

Ahora que tenemos tan sobado el concepto de emprendedor y prácticamente no has vivido nada si no has intentado montar un par de empresas antes de tener 25 años, viene Rob Hingley y nos recuerda cómo es eso de levantarse de la lona varias veces y no olvidar que lo que vale es llegar hasta el último asalto (o la penúltima cerveza)

Ayer disfrutamos de la enésima reinvención del que fue líder del sonido ska norteamericano durante casi dos décadas Rob “Bucket” Hingley con The Toasters y su mítico sello discográfico Moon Ska Records, del cual fue fundador, emprendedor y sufridor, hasta certificar su desaparición allá por el año 2000. Como nos dijo literalmente entonces, era momento “to stay a la casa” con sus hijas pequeñas y alejarse de furgonetas, pruebas de sonido y facturas que pagar. La huerta valenciana le enganchó para quedarse y dicen que la paella le sale de muerte. También dicen que, en cuanto te descuidas, Bucket te regala algunas naranjas de su huerto que lleva guardadas entre camisetas, chapas y discos del legendario grupo norteamericano.

The Toasters ayer en Gruta 77 – Foto: el inquilino digital

El concierto de ayer fue de menos a más, tomando temperatura casi al final con los acordes de Two Tone Army y recordándonos a todos otros tiempos, aunque sus canciones siguen plenamente vigentes en el momento actual. La banda que acompaña a Bucket en esta gira estuvo a la altura, aunque presentarla como The Toasters tal vez sea ir un poco lejos para los que hemos visto al grupo desde que teníamos espinillas -para gustos están los colores, claro-  Mucho éxito en esta gira jefe y gracias por recordarnos lo barato que es hablar: Talk is Cheap !

The Toasters actuaron ayer en Gruta 77.

 

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Se buscan Ingenieros de Letras

La que habría liado Leonardo Da Vinci en nuestra sociedad digital – Foto: Martin Missfeldt tagSeoBlog.com

Llevo tantos años acostumbrado a esa expresión de extrañeza en el rostro de los reclutadores de RR.HH. y otros habitantes de ese planeta que llamamos mercado laboral que -aún hoy- cuando en una entrevista de trabajo sale el tema de mi formación académica y mi experiencia profesional, me tomo con humor la respuesta y suelo ganarme a mi entrevistador a partir de ese momento. 

“Sí, soy ‘de letras’ y he desarrollado mi carrera profesional en el mundo de la tecnología ¿Donde está lo extraño?” Si tuviese tiempo -cosa que no suele ocurrir en las entrevistas de trabajo- les explicaría que ambas cosas; las Ciencias Sociales y la Tecnología no son algo tan antagónico en realidad. De hecho, una disciplina necesita de la otra para dar sentido a su existencia y viceversa. A mi me apasionan ambas por igual, siempre fue así y nunca me ha supuesto un problema más allá de los prejuicios iniciales de algún entrevistador inexperto.

La guerra entre letras y ciencias que se ha fabricado durante décadas ya está algo trasnochada. La avivaron aquellos que consideraban la universidad como un lugar donde decidir el futuro profesional en el sentido más pragmático y limitado: blanco o negro, letras o ciencias, futuro o sin futuro. Sin embargo, si buscamos el origen latino del concepto universitas como agrupación del saber universaldeberíamos liberarnos de ese tipo de ataduras, pues todas las ramas del conocimiento son importantes para entender nuestro mundo. Pese a lo que digan algunos, la principal misión de la universidad no es buscarnos trabajo sino convertirnos en personas bien informadas y sobre todo, con criterio y capacidad para informarse durante el resto de sus vidas.

Es paradójico, ahora que los presupuestos generales ya casi las han exterminado del mundo académico, que nos encaminemos hacia un nuevo resurgir de las llamadas Humanidades. Aunque este término nunca fue demasiado afortunado, nos servirá para entendernos. La Sociedad de la Información empieza a demandar un poco de sentido común para entenderse a sí misma. El problema es que el futuro ya está aquí y ahora no sabemos qué hacer con él: Robótica, Inteligencia Artificial, Big-Data,…son algunos de los desafíos para cuales la sociedad todavía no tiene respuestas.

Existe una demanda creciente de dotar de algún sentido a todos los cambios que está acarreando la revolución tecnológica y se hace necesario recurrir a una habilidad tan antigua como humana: la interpretación de la realidad. ¿Tendrán que acudir la Ética, la Sociología, la Historia, la Filosofía, la Psicología, la Pedagogía y otras ramas del saber al rescate de un mundo digital que se nos va de las manos? Es bonito pensarlo.

Referencias:

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Las uvas de la ira digital

Foto: El Objetivo – La Sexta

Anoche tenía mucha expectación ante un programa de TV que no sigo de manera habitual -confieso que me cuesta seguir el estilo histriónico de su conductora, Ana Pastor, porque rara vez deja terminar las respuestas a sus entrevistados y acabo por perder el interés o ponerme nervioso- pero eso es otro tema y mi intención hoy no es hacer una crítica televisiva.

Se trata como podéis imaginar de El Objetivo en La Sexta TV. El tema era el impacto de la llamada #objetivoTecnoRevolución o #RevoluciónDigital, lo que me pareció muy interesante por colocarse en el punto de mira de debate de un programa televisivo en horario prime time, además de las opiniones de expertos que podían verse allí convocados.

La primera decepción fue no ver allí a gente como Manuel Castells, Enrique Dans, Javier Pedreira…. por citar algunos ejemplos de sociólogos, tecnólogos y otras voces autorizadas que tenemos en nuestro país para hablar de este tema con cierta propiedad. Nisiquiera llevaron al mediático Chema Alonso, el simpático hacker de melena y gorrito de colores que se ha instalado en Telefónica como CDO (Chief Data Officer), que al menos ofrece un punto de vista pintoresco a cualquier debate sobre revolución tecnológica.

La mesa de expertos ofreció un panorama directamente desolador y apocalíptico. No es que tenga nada contra de la opinión de, por ejemplo, la actual presidenta de Microsoft Ibérica, Pilar López Álvarez, pero creo que les faltaron argumentos a todos los allí presentes, incluso a ella, además de un desconocimiento manifiesto del verdadero sentido de la expresión Sociedad de la Información o Revolución Tecnológica.

No se puede reducir la cosa a robots sí o robots no, trabajo sí o trabajo no. Tampoco tomarla con las personas que ahora tienen cincuenta años y buscan trabajo, culpándoles a ellos de su propio destino por no ser lo suficientemente emprendedores o tecnológicamente aptos. Es una visión muy limitada del fenómeno. 

Después vino la vieja dialéctica entre educación pública y privada, y si ponemos en las aulas costosos ordenadores Apple para cada niño como hace SEK o PCs del chino de la esquina para cada cuatro niños como ocurre en la mayoría de colegios públicos. Los “espectadores y espectadoras” pudimos ver otra entrega más del aburrido debate político de colores y siglas, sin entrar a fondo en la verdadera cuestión que ya apunté en mi anterior post y que centra la atención de los expertos en este momento, al menos en el aspecto educativo.

En mi opinión se perdió una buena oportunidad para debatir acerca de en qué fase de esa revolución estamos o qué desafíos tenemos por delante. El resultado fue un penoso viaje en camioneta destartalada al estilo de John Steinbeck y sus Uvas de la Ira (1939) pero sin la moraleja final. Me fui jodido a la cama, con perdón de la expresión, por un panorama en exceso sombrío, triste y sin incentivos para los no familiarizados con la tecnología, donde personas maduras y perfectamente aptas, aparecían en cámara confesando su ignorancia ante la tecnología en la puerta del INEM en una especie de derrota ante la vida. No, me niego a aceptar eso porque es falso. La revolución tecnológica no es algo tan simple, no engañen a la gente.

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