Cleopatra y los catalanes

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El que no se consuela es porque no quiere. Mariano Rajoy apareció lacónico esta semana ante las cámaras, en una comparecencia sin plasma -ni en pantalla, ni en las venas- afirmando que la consulta catalana ha sido un sonoro fracaso del independentismo.

Y tan sonoro -añadiría yo- porque ya sabemos todos que a casi dos millones de personas diciendo que no quieren ser españoles apenas se les oye. Y al final han votado, sólo los que querían votar y en urnas de cartón, pero han votado. También han contado ellos mismos los votos porque -ya puestos- para qué andar con protocolos democráticos. Lo importante era ir a votar.

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Rajoy y su Marca

Artur Mas por su lado, aparece triunfalista ignorando a los cuatro gatos -o millones- que no han votado y haciendo de cada aparición pública una ceremonia al estilo de Cleopatra. Tuve ocasión de verle en persona en una recepción por motivos profesionales en Barcelona y no se le puede negar ese talento natural para aparecer majestuoso y faraónico que le falta a Rajoy, por contra siempre desgarbado y con el Marca debajo del brazo. Mas se anuncia en cinemascope, oliendo a colonia cara y con cada cabello peinado en su sitio: tal día firmará el decreto de consulta, tal otro anunciará los resultados de la consulta, otro día nos dirá cual va ser el futuro de Cataluña. Escenografía de Mankiewicz para cada aparición del President, anunciada con semanas de antelación y siempre en fin de semana, porque le gusta tener a Soraya haciendo horas extra en Moncloa, disertando con Rajoy cuál será el próximo paso que no van a dar.

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Oriol Junqueras, llorando en Catalunya Radio

Y así llevamos ya un tiempo, muertos de aburrimiento. Aunque con algunas excepciones insuperables, como la escena conyugal que le montó a Mas su pareja política y artística en la aventura independentista, Oriol Junqueras, cuando se puso a sollozar en la radio mientras el faraón jugaba al mus con el tema sagrado de la consulta. Como las parejas mal avenidas cuando ya han pasado lo peor, Mas y Junqueras han aparecido esta semana más civilizados, aunque distantes y con la mirada fría, ya se les pasó el amor.

Luego está Pedro Sánchez, que parece más perdido que Carracuca, predicando una reforma constitucional de la que nadie sabe nada y que debe estar preparando algún becario del PSOE por las noches, en los ratos que le deja el diseño de una estrategia frente al ascenso de Podemos: “¿Hablamos de ellos? ¿Les seguimos llamando populistas y hacemos como que no están? … Mierda, malditas encuestas !! “… debe pensar el becario, entre llamada y llamada de Pedro para ver cómo va la tarea. Y de Izquierda Unida ya ni hablo, porque todavía están intentando averiguar por dónde les ha venido la colleja que se han llevado por el flanco izquierdo.

Y en medio de todo este vodevil, está la gente. La de aquí y la de allí, aunque personalmente me cuesta establecer la diferencia, porque soy de Madrid y tengo muchos amigos catalanes. Si, amigos catalanes, de esos que se decía que “cuesta entrar con ellos, pero cuando los tienes son para toda la vida”. No puedo imaginar como otro país el lugar donde pasé gran parte de mi infancia con un tirachinas y mercromina en las rodillas, en aquellas orillas del Llobregat y saltando por las vías del tren cerca de Sant Boi. Sudando con la bici camino de Viladecans y siempre intentando alcanzar a mi primo o comiendo los interminables bocatas de atún que preparaba mi tía en la playa de Casteldefels, mientras los aviones rumbo al Prat me pasaban por encima.

Se que suena manido, pero la gente -los que votaron y los que no- no se merece a esta pandilla de incompetentes. Incapaces de llegar a acuerdos, de negociar, de establecer cauces de entendimiento y de sortear los riesgos que produce caminar por el filo permanentemente. Necesitamos más que nunca políticos hábiles, inteligentes y capaces de bromear con todo este lío, de los que da gusto escuchar cuando suben a la tribuna, sean de tu cuerda o no.

Tengo un ilustre amigo catalán, independentista y del RCD Espanyol -y no es un chiste- que hoy decía con humor que por fin verá al Espanyol jugar algún día en la champions, cuando sean un país independiente. Yo le contestaba que entonces su equipo tendría que cambiar de nombre, porque los derechos de imagen los tiene España y Felipe VI. Aunque bien mirado y de ser así, el Atletí subiría puestos en la liga porque ya no estaría el Barça. El que no se consuela es porque no quiere.

 

2 thoughts on “Cleopatra y los catalanes

  1. La verdad que no puede haber mejor comparativa toda una gran puesta en escena…. pero yo que me tengo por optimista espero que no acabe como Cleopatra y al final no les muerda el aspidistra.
    Gran posy como siempre. Enhorabuena

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