Las uvas de la ira digital

Foto: El Objetivo – La Sexta

Anoche tenía mucha expectación ante un programa de TV que no sigo de manera habitual -confieso que me cuesta seguir el estilo histriónico de su conductora, Ana Pastor, porque rara vez deja terminar las respuestas a sus entrevistados y acabo por perder el interés o ponerme nervioso- pero eso es otro tema y mi intención hoy no es hacer una crítica televisiva.

Se trata como podéis imaginar de El Objetivo en La Sexta TV. El tema era el impacto de la llamada #objetivoTecnoRevolución o #RevoluciónDigital, lo que me pareció muy interesante por colocarse en el punto de mira de debate de un programa televisivo en horario prime time, además de las opiniones de expertos que podían verse allí convocados.

La primera decepción fue no ver allí a gente como Manuel Castells, Enrique Dans, Javier Pedreira…. por citar algunos ejemplos de sociólogos, tecnólogos y otras voces autorizadas que tenemos en nuestro país para hablar de este tema con cierta propiedad. Nisiquiera llevaron al mediático Chema Alonso, el simpático hacker de melena y gorrito de colores que se ha instalado en Telefónica como CDO (Chief Data Officer), que al menos ofrece un punto de vista pintoresco a cualquier debate sobre revolución tecnológica.

La mesa de expertos ofreció un panorama directamente desolador y apocalíptico. No es que tenga nada contra de la opinión de, por ejemplo, la actual presidenta de Microsoft Ibérica, Pilar López Álvarez, pero creo que les faltaron argumentos a todos los allí presentes, incluso a ella, además de un desconocimiento manifiesto del verdadero sentido de la expresión Sociedad de la Información o Revolución Tecnológica.

No se puede reducir la cosa a robots sí o robots no, trabajo sí o trabajo no. Tampoco tomarla con las personas que ahora tienen cincuenta años y buscan trabajo, culpándoles a ellos de su propio destino por no ser lo suficientemente emprendedores o tecnológicamente aptos. Es una visión muy limitada del fenómeno. 

Después vino la vieja dialéctica entre educación pública y privada, y si ponemos en las aulas costosos ordenadores Apple para cada niño como hace SEK o PCs del chino de la esquina para cada cuatro niños como ocurre en la mayoría de colegios públicos. Los “espectadores y espectadoras” pudimos ver otra entrega más del aburrido debate político de colores y siglas, sin entrar a fondo en la verdadera cuestión que ya apunté en mi anterior post y que centra la atención de los expertos en este momento, al menos en el aspecto educativo.

En mi opinión se perdió una buena oportunidad para debatir acerca de en qué fase de esa revolución estamos o qué desafíos tenemos por delante. El resultado fue un penoso viaje en camioneta destartalada al estilo de John Steinbeck y sus Uvas de la Ira (1939) pero sin la moraleja final. Me fui jodido a la cama, con perdón de la expresión, por un panorama en exceso sombrío, triste y sin incentivos para los no familiarizados con la tecnología, donde personas maduras y perfectamente aptas, aparecían en cámara confesando su ignorancia ante la tecnología en la puerta del INEM en una especie de derrota ante la vida. No, me niego a aceptar eso porque es falso. La revolución tecnológica no es algo tan simple, no engañen a la gente.

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