El precio de ser bobos

© Benoit Tessier / Reuters | Integrantes del movimiento de los “chalecos amarillos” marchan en los Campos Eliseos en París, el 24 de noviembre de 2018

Bobó o burgués bohemio (del inglés bourgeois bohemian, o bourgeois bohème si lo tomamos del francés de 1885) es una etiqueta sociológica informal relativamente moderna (apareció allá por el año 2000 ) que describe a los miembros de un grupo social ascendente en la era de las nuevas tecnologías. Se caracterizan por su origen netamente capitalista (empresarios y empleados de grandes compañías) y por adoptar valores sociales “bohemios” y hippies.

El concepto es fascinante y está de plena actualidad, porque esta especie de mutación de la burguesía de toda la vida se ha convertido en el epicentro y objetivo de las protestas de ese movimiento de “precariado” violento de chalecos amarillos -sigamos jugando con palabras del siglo pasado- que está arrasando las calles de París y otros lugares en protesta por la subida del precio de los carburantes.

Los burgueses bohemios o bobos son considerados una transformación de los llamados yuppies de los años 90, pero con unos gustos más sofisticados y horizontes culturales más amplios, además de huir de cualquier sospecha de ser consumistas frívolos. De este modo, acostumbran a vivir en barrios céntricos y de moda de las grandes ciudades, se mueven a su trabajo en patinete o por cualquier otro medio ecológico (generalmente a un paso de su domicilio) y consumen productos orgánicos importados, de comercio justo o ecológicos, pagando alquileres astronómicos y sin demasiadas preocupaciones económicas.

En el otro extremo, el precariado de los minijobs, el reparto a domicilio, la tartera o la comida basura de máquina. Y la gente que pasa horas todos los días en coches contaminantes y baratos para ir al trabajo en el mejor de los casos o bien lo hacen embutidos en transporte público saturado y caro. Mucha gente. Algunos se han puesto el chaleco y se han tirado a incendiar las calles de París. Sin portavoces, ni representantes. Sin otro objetivo que agitar su protesta e indignación, con ganas de quemarlo todo.

Ambas caras de la misma moneda, bobos y precarios, parecen aliarse para demostrar que más de un siglo de lucha social nos aboca a la misma casilla de salida, pero con otros nombres y costumbres.

Se avecinan tiempos desafiantes, en los que tendremos que demostrar nuestra capacidad para conjugar el reto de hacer una Europa sostenible energética, social y políticamente. Tiempos de compromiso con las ideas y el futuro. Es una nueva (?) lucha de clases que ha cambiado en las formas, pero no en el fondo y con la sombra del totalitarismo acechando detrás de movimientos populistas en ascenso… ¿A alguien le suena todo esto? Confiemos en no estar viviendo en el siglo de la marmota.

Referencias:

David Brooks; Bobos in Paradise: The New Upper Class and How They Got There 2010,